¿Qué tanto te conoces?

“Si uno conociera lo que tiene con tanta claridad, como conoce lo que le falta…”

Mario Bendetti.

En un estudio realizado por la Universidad de Cambridge, se les pidió a los participantes tomar decisiones en situaciones planteadas en un programa de computadora. En cada situación tenían dos opciones para decidir: una favorable y una no tan favorable. Mientras realizaban la prueba, se registraba el comportamiento de sus latidos cardíacos. Se encontraron que el corazón comenzaba a latir distinto antes de tomar una decisión favorable, que antes de cuando tomaron una decisión desfavorable. Encontraron también, que las personas que tenían desarrollada la capacidad de interocepción (percibir lo que sucede al interior de nuestro cuerpo), tomaron un más alto porcentaje de decisiones que resultaban favorables.


Pareciera que nuestro cuerpo nos avisa lo que nuestra mente inconsciente sabe, pareciera que nuestro organismo que tiende a funcionar buscando mantener nuestro bienestar, emite señales que a veces no percibimos, o por alguna razón decidimos no escuchar.


Todos aprendimos a tomar decisiones a través de una práctica de ensayo y error, a través de la experiencia. A veces esta experiencia nos indicó que tenemos que descubrir las cosas por nosotros mismos, con nuestros propios recursos. Y en otros casos, que debemos decidir de acuerdo a la manera en que nos enseñaron que son las cosas, con los recursos de otros, permitiendo que alguien tome la decisión por nosotros. Esta última manera de tomar decisiones, de acuerdo a lo que “creemos que es”, y no tanto en lo que posiblemente “sabemos que es”, nos lleva quizá a no correr tantos riesgos, a mantenernos en una zona que puede resultarnos segura, pero que no nos permite saber o reconocer cómo es que llegamos a esos resultados de vida, o en su caso, cómo es que podemos cambiarlos.


Las creencias limitantes con las que vamos intentando funcionar en los diferentes aspectos de nuestra vida, a veces resultan tan fuertes que nos impiden vivir realmente como quisiéramos vivir.

El conocernos, saber cómo funcionamos física y mentalmente, encontrar cómo llegamos a tener lo que tenemos y vivir como vivimos, puede comenzar con un paso tan sencillo como hacer consciente nuestra respiración; ser curioso y sentir como funciona nuestro aparato respiratorio, intentar percibir nuestro corazón latiendo, cómo se siente esta ropa que llevo puesta, y si es que la disfruto. Así mismo, descubrir si disfruto la casa en la que vivo, si son satisfactorias las relaciones con las personas con las que me rodeo, si funciona la manera en que me comunico, si es cómoda para mí, y si me resultan cómodos los resultados.

Quizá debamos intentar poder practicar de nuevo el ensayo y error. Así como aprendimos a tomar decisiones, podemos reaprender a hacerlo de una manera más consciente y saludable. Analizando de nuevo estos recursos con los que contamos. ¿Qué, cómo y quién soy? ¿Qué tanto me conozco?

Referencias

Kandasamy N., Garfinkel S. N., Page L., Hardy B., Critchley H. D., Gurnell M.,Coates J. M., 2016, Interoceptive Ability Predicts Survival on a London Trading Floor.

Robles, T. 2005, Manual del grupo de crecimiento.

Satir V., 1976, En Contacto Íntimo.


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